UNO

Una neblina espesa la fue invadiendo paulatinamente y, en unos instantes, se apoderó de la calle una estremecedora oscuridad.
Desde su difícil posición , solo atisbaba el resplandor de la luz mortecina de un farol al final de la calle oscura.
No acertaba a recordar los últimos momentos de aquel día , aunque, paradójicamente comenzó a evocar épocas pasadas, y por entre la negra espesura que empapaba los fríos adoquines de la calle oscura, acertó a vislumbrar recortes de su infancia.
Se acordaba de su cuarto de estrellas, y de aquellas noches en las que él le contaba el cuento de los sueños de las tortugas y se adormecía con el suave susurro del viento y con el canto eterno de la noche tibia, y él la estrechaba y la arropaba en su cama de la luna y cuando ya dormía ledamente le murmuraba las palabras del libro de los misterios y soñaba con la cueva de los secretos que él le había enseñado una de aquellas noches de verano, por el sendero planteado de la vía verde.
Aquellas reminiscencias del pasado que creía olvidadas, enterradas para siempre en su memoria, surgían aquella noche , como destellos en la oscuridad, como si un fantasma se los devolviera del olvido.
Recordaba aquellas largas tardes en el desván abarrotado de muebles sucios y juguetes rotos, besando el viejo espejo de polvo, y riendo hasta que el amanecer y el alba atravesaba la penumbra y , no se daban cuenta de que se habían olvidado de dormir, hasta que un fragmento de la mañana les acariciaba, y, entonces se adormecía temblando - si tu te vas , que será de mi.
Y un día llegó la oscuridad, como ahora, y él se fue para siempre y ella perdió su corazón, y desde entonces se despertaba soñando con bosques de serpientes disecadas y su cuarto de estrellas se ocultaba de oscuras guirnaldas de llanto, y cuando el viento negro de la noche le penetraba el alma, recitaba sin descanso las tristes poesías del libro muerto.
Aquellos recuerdos sombríos la embargaban, y hasta la muerte , que ya había entrado con su afilada guadaña en la calle oscura, misteriosamente , pués nunca que se sepa había pasado antes, sintió algo parecido a la piedad, y contuvo por un instante su cántico de hielo.
Justo en el momento en que la oscuridad se hizo absoluta y las lágrimas colmaron sus ojos, sintió un profundo dolor en el costado, y el sabor amargo de la sangre en la boca.